#TOMA20ENENBUENOSAIRES — Cubrimiento especial del BAFICI y el Talents Buenos Aires 2026
Un cúmulo de hombres llegó al baño de mujeres previo al acto inaugural de la edición número veintisiete del BAFICI en la Sala Lugones. Confundidos y exacerbados, no sabían si entrar o irse. “Dijeron que este era un baño mixto”, repetían casi como en función de ensayo. Afuera, el aviso decía que era solo de mujeres. Algo así fue la película de apertura.
Dirigida por Matías Szulanski, el filme sigue el rodaje de una nueva versión del clásico de Jane Austen Orgullo y prejuicio, pero tal parece que Szulanski nada más se quedó con la portada. Con una apertura cómica, satírica y teatral, el director argentino intenta realizar una crítica a la superficialidad de la inteligencia artificial, al cine e incluso a sí mismo. Sin embargo, su elección como película inaugural del BAFICI llama poderosamente la atención.
“La entrada al cine en Argentina bajó un 27% interanual. Esa es la cifra de un país que está en guerra”, dijeron desde el BAFICI antes de presentar la película. Con esa premisa, ¿por qué, entonces, una sátira de este calibre fue elegida para abrir el festival?

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“Es increíble que un director repita apertura. Pero como él mismo me dijo: Woody Allen, Wes Anderson… muchos grandes directores repitieron apertura en muchos otros festivales (…) y mientras ustedes parpadean, Matías ya hizo otra película”.
El título es, además, poco sugerente. El Orgullo y prejuicio de Jane Austen no se cuela en el relato más que en los nombres de los personajes. De ninguna manera el filme se trata sobre la obra, es más bien una estrategia de «cine dentro del cine», aunque su contenedor esté vaciado.
Inteligencia no tan artificial
El primer plano de un filme dice mucho más de lo que parece. En Orgullo y prejuicio, se trata de una interfaz de After Effects. El filme deviene entonces en una pantalla sobre las pantallas. Una directora y un supervisor de VFX discuten sobre reemplazar digitalmente rostros, caras y hasta voz; un gesto que se repetirá a lo largo de todo el relato.
La sala Lugones se estremecía entre risas a medida que la directora llamaba ‘trola’ a cualquier actriz que sintiera tenía oportunidad de salir con el Darcy de su película, llegando incluso a taparles la boca y los ojos para reemplazarlos en posproducción. El problema es que, aunque cómico al inicio, el recurso perdió su novedad a los quince minutos.

Orgullo y prejuicio se trata de la teatralidad o la hiper satirización de las pantallas. “Lo verosímil lo encontramos en la IA, no en ustedes”, dice uno de los personajes. La directora mira a través de una pantalla. Cuando se imagina hablando con su Darcy, lo hace a través de una pantalla. La película critica el abuso de lo digital para la creación artística. Y al final, la protagonista termina, literalmente, encerrada dentro de una pantalla sin que nadie del set la note siquiera.
Szulanski tiene un modo interesante de mirar a los personajes. En esta película, el posicionamiento de la cámara suele estar muy diagonal a ellos, como si todo fuera un performance —o una obra de teatro— que está sucediendo sin que ellos se den cuenta que son filmados. Su forma de interactuar entre sí, la posición de sus cuerpos, todo indica algo que no es natural, una cierta clase de artificialidad corpórea.
Desde una escena en donde discuten cómo filmar una secuencia sexual sin estar presentes físicamente —sino digitalmente—, aparece por primera vez un zoom in agresivo que, sumado a los cuerpos tan diagonales a la cámara da la sensación de una artificialidad visual que de todas formas no logra sostener su propia imagen los noventa y tres minutos de metraje.

Szulanski se repite a sí mismo y parece no preocuparle, todo lo contrario: es lo que busca. “No se ofendan, es solo una película”, dijo ante un auditorio expectante por saber por qué una película como Orgullo y prejuicio abriría lo que sigue siendo el festival de cine más importante de Argentina. Muchas horas después, no parece haber respuesta evidente.
Quizás la película de Szulanski sea artificial porque la realidad que retrata también lo es. Tal vez todos están atrapados dentro de un croma, imaginando una realidad digital—como la protagonista de esta película—. O quizás, la artificialidad que critica la película solo sea un síntoma de su propia incapacidad por traducirla del todo en la pantalla.
Aquella noche, los hombres siguieron yendo al baño de mujeres, aunque les dijeran que era mixto y algunos otros no supieran si quedarse ahí. Así como muchos otros con la película de apertura del BAFICI.
✷ Conoce más del cubrimiento especial de TOMA 20 en el BAFICI y el Talents Buenos Aires 2026.

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