Criaturas Asombrosas: una fábula sobre el miedo y la aceptación en un mundo mutante

En una Francia no tan alejada del 2024, un adolescente y su padre se enfrentan a un mundo donde las mutaciones genéticas son el pan de cada día. Como en la pandemia del COVID-19 del 2020, una nueva amenaza requinta los alcances de la ciencia: una enfermedad en donde los humanos empiezan a transformarse poco a poco en animales. Y como con cualquier peligro que la ciencia no entiende, la solución de los gobiernos es involucrar al ejército y aislar a los nuevos mutantes.

Esta película llega al 10 de octubre a salas de Cine Colombia para enriquecer la cartelera con una fábula asombrosa y atrapante sobre la tendencia de la humanidad de aislar a los «otros», y tratarlos como agentes extraños que no pertenecen a este mundo. En Francia, inauguró la sección “Un certain regard” del Festival de Cannes 2023 y ha ganado premios en el Festival Internacional de Cine Catalán de Sitges 2023 y en los Premios César de la Academia Cinematográfica francesa.

Criaturas asombrosas llega a la cartelera de Cine Colombia el 10 de octubre.

Sociedad contra la naturaleza

En la primera escena de Criaturas asombrosas, el espectador puede pensar que es una historia sobre la relación fragmentada entre un padre y su hijo. Pero en un par de minutos se transforma en una narrativa distópica donde un hombre con alas de avestruz, rostro deforme y piel de gallina escapa violentamente de enfermeros que intentan retenerlo en una ambulancia en medio de un trancón.

François (Romain Duris) y su hijo Émile (Paul Kircher) no solo viven en un mundo donde hay mutaciones genéticas, sino que su propia familia es parte de ellas —más de lo que piensan—. Lana, la esposa de François y madre de Émile, también se ha transformado en un animal. Pero el adolescente no lo comprende, y hasta cierto punto, le repugna.

Los «bichos», como suelen llamar a los no-humanos-animales, salen del bosque a veces y aparecen en lugares cotidianos. Una vez, en un supermercado, François se encuentra cara a cara con uno de ellos. Está asustado, escondido, y tiene escamas duras que resplandecen en todo su cuerpo. Se ha convertido en un pangolín, y su piel rudimentaria protagoniza todo el encuadre.

La dirección artística de este filme es alucinante, con elementos tan fantásticos como pieles animales realistas yuxtapuestas sobre el tegumento humano. El maquillaje y los efectos especiales junto a los primeros planos de los mutantes son tan bien logrados que pondrán la piel de gallina a más de uno en la sala.

Es una fábula de horror visual a través de lo corporal pero con una narrativa esperanzadora gracias a la fantasía. Al ocurrir en el sur de Francia, la naturaleza y los entornos verdosos inundan la pantalla. Las criaturas asombrosas se refugian en el bosque y se esconden de los humanos, que paradójicamente, son la verdadera amenaza. El filme construye un relato casi mitológico sobre el miedo hacia lo diferente.

Su fotografía es vibrante, con bosques verdes que se camuflan con lagos cristalinos, y sonidos fuertes que estremecen la sala de cine. Pero Émile, quien se vuelve amigo del hombre con alas de ave y piel de gallina que lo asusta al principio del metraje, descubre en él la fuerza para abrazar sus propios cambios. Se da cuenta que no son bestias ni «bichos» a los que hay que temer, sino seres vivos igual a él, y eso lo libera.

Hacia lo humanamente posible

Criaturas asombrosas explora lo que es ser un «no humano». Pero ¿qué es ser un humano, entonces? Hay muchas películas sobre las mutaciones genéticas, pero narradas desde los no contagiados, y donde los mutantes son asesinos descontrolados sin ningún desarrollo de personaje, como si fueran zombis come cerebros.

Este filme, en cambio, se adentra en la piel de quienes se han convertido en animales y los coloca como protagonistas. El espectador, que al principio les temía; empieza a entenderlos y hasta logra empatizar con ellos. Los humaniza, los desarrolla, pasan de simples mitos horríficos al centro de la vida misma.  

En un mundo donde lo mágico es la nueva realidad, la película crea un retrato del aislamiento y rechazo de sociedades diferentes —en este caso: los humanos convertidos en animales—; como si no verlas fuera suficiente para fingir que no existen.

Pero también son parte de la sociedad, y es el mensaje que deja la película. Aunque la mayoría están asustados ante ellos, uno de los amigos de Émile es un activista por los derechos de los humanos-animales. “Hay algunos países que han aprendido a convivir”, les cuenta a sus amigos. La cinta invita a abrazar la divergencia, convivir en lugar de destruir, acoger en vez de desplazar. Aceptar la vida heterogénea del ecosistema y no de perseguirla.

Y es que las criaturas asombrosas no son más que una analogía de las sociedades que han sido aisladas ante la incapacidad de la ciencia por comprenderlas —y la tendencia humana de rechazar lo que es diferente—.

La película es dirigida por el francés Thomas Cailley (Les combattants, Ad Vitam), director de dos largometrajes y una serie. Cuenta con trece premios y 26 nominaciones en su filmografía, incluyendo el Premio FIPRESCI en Cannes y múltiples nominaciones a los Premios César de la academia cinematográfica francesa.

Criaturas asombrosas es una oportunidad para verse y reconocerse como sociedad. ¿Quién no ha sido parte de los «otros»? Es una oda a la libertad, y una mirada crítica hacia el manejo gubernamental y social de lo que, a primera vista asusta, pero en realidad solo es distinto.

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