“Que se levante de la silla cualquiera que haya sido salvado por Nicholas Winton”, dice la presentadora del programa That’s Life de la BBC, ante una audiencia que está de pie junto a Nicholas Winton.
Interpretado con maestría por el gran Anthony Hopkins, Winton fue parte del Comité Británico de Refugiados en Checoslovaquia. Ante la inminente invasión de la Alemania Nazi, y su preocupación al ver a miles de niños – la mayoría de ellos judíos – en refugios en Praga, decidió emprender una misión para salvar sus vidas.
Tramitó visas con el gobierno británico y logró sacar a 669 infantes de la entonces Checoslovaquia antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. La tarea no fue sencilla: era necesario encontrar familias adoptivas en el Reino Unido, patrocinadores, donativos y otros requisitos más para la aprobación de las visas en tiempo récord. Su madre Babi (interpretada con brillantez por Helena Bonham Carter) fue pieza clave.
Pero el día que partía el noveno tren con 250 niños refugiados a bordo desde Praga, las tropas de Adolf Hitler cerraron las fronteras de Checoslovaquia. Los pequeños se quedaron a pocos segundos de salvarse. Este último tren torturó a Nicholas Winton por el resto de su vida.
Una historia que enlaza varias vidas
La película está narrada en dos tiempos: empieza con una secuencia de Anthony Hopkins en 1987 en su tranquila casa en Maidenhead, Inglaterra. Ante el evidente hábito de Nicholas de acumular cosas, su esposa Grete le pide que se deshaga de los papeles que ya no son necesarios.

Siguiendo su petición, Winton empieza a organizar la casa – y su vida – pero se niega a botar un viejo maletín con todos los documentos, fotos, recortes y las listas de los pequeños que salvó en la Segunda Guerra Mundial.
La historia se devuelve en el tiempo hacia 1939, cuando un joven ‘Nicky’ (encarnado por Johnny Flynn) se dedica a salvar a los niños refugiados. Esta parte del filme está dotada de una alta tensión dramática. Escenas cortas y montajes rápidos de Nicholas y su madre consiguiendo dinero, visas y haciendo el papeleo; generan en el espectador zozobra por el paso del tiempo. ¿Cuántos niños logrará salvar? Cada día más es un día menos. Era cuestión de tiempo para que Hitler iniciara la guerra.
Cuando la película vuelve a 1987, la narración es más pausada. El paso del tiempo acompaña el caminar despacio del ya anciano Nicholas Winton. En su mirada se ve pesar y frustración. No puede contemplar al pasado de forma gloriosa por todos los pequeños que salvó. En cambio, observa con tristeza a todos los que les faltó.

Lazos de vida
No es difícil imaginarse por qué el título en español de la película es Lazos de vida (en inglés One life). Cuando Nicholas está en Praga en 1939, conoce a cientos de niños a quienes coloca en su lista para, eventualmente, conseguirles un tiquete de salida. Entre ellos, a Vera, una tierna infante que le cuenta de su amor por el esquí y la natación.
La película tiene una narrativa muy bien lograda, dotada de escenas desgarradoras como el último tren que no alcanzó a salir de la estación, la desaparición de pequeños que ya contaban con visas; pero también de humanidad y esperanza. En el tren en el que viajaba la pequeña Vera – junto a otras criaturas – había tres visas falsas, la de ella entre estas.
Hay una escena de tensión máxima en donde unos soldados nazis se suben al tren y preguntan con tono burlesco: “¿Por qué Gran Bretaña quiere a tantos niños?” mientras revisan las visas. La de Vera, al ser falsa, no tiene los sellos oficiales, lo que genera angustia en el espectador al pensar que pueden detenerla. Pero ellos no se dan cuenta. Vera, junto a los demás, llegan a su destino. Y el espectador puede volver a respirar.
Casi al final del metraje, de vuelta en 1987, invitan a Winton al programa televisivo That’s Life. Junto a él, sentada en el público, se encuentra Vera casi cincuenta años después, quien lo abraza con un agradecimiento puro por haber salvado su vida. Las lágrimas se derraman por sus ojos – e inevitablemente, por los de todos los que ven la película –.
Lazos de vida es una historia desgarradora y conmovedora al mismo tiempo. Saca a la luz la hazaña de un hombre que lo dio todo por las vidas de otros. El ‘Schindler británico’ fue un héroe silencioso de la Segunda Guerra Mundial, encarnado a la perfección por el gran Anthony Hopkins. “Creo en la gente ordinaria, porque yo soy alguien ordinario”, le dice un joven Nicholas Winton a su compañera del Comité Británico de Refugiados en Checoslovaquia. Una película para seguir creyendo en la humanidad.









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