Transitar la belleza

Hay algo sublime en la manera en que los personajes habitan la cámara, hasta hacerse dueños de ella. That Summer in Paris, la ópera prima de la directora francesa Valentine Cadic, lo sabe. Blandine, una mujer proveniente de Normandía, llega a París por los Juegos Olímpicos, y se reencuentra con su hermana diez años después. Pero halla una ciudad caótica, ajena, un lugar donde no encaja. Aprende entonces a transformar su mirada para arraigarse en la rareza. ¿Puede lo extraño ser hermoso?

Construcciones canónicas

En el filme de Valentine Cadic, la protagonista pasa por una serie de situaciones un tanto desafortunadas. El filme se construye a partir del arquetipo narrativo de las comedias dramáticas, donde al personaje nada le sale como espera.

A Blandine le pasa lo mismo. No la dejan entrar a un evento por usar una mochila gigante, la sacan de un albergue un día después de cumplir treinta años, la arresta un policía por una marcha anti-olímpicos de la que ella ni siquiera era parte. La interpretación de Blandine Madec es esencial para generar esta sensación de incomodad y extrañeza. Pero he ahí el truco: esta no es una comedia dramática, aunque al principio parezca disfrazarse de una.

La cámara de Cadic encuentra cierto agrado en el desagrado, algo placentero en lo incómodo, algo cinematográfico en lo embarazoso. Constantemente, la imagen es enfática en su cara de disgusto. Pero su rostro no refleja un descontento caótico, sino más bien uno calmado, aceptado. Blandine aprende a transitar la incomodidad con altura, así eso genere un par de risas entre el público.

protagonista Blandine caminando por París en That Summer in Paris de Valentine Cadic.
Blandine (Blandine Madec) explora una París desconocida en That Summer in Paris, ópera prima de Valentine Cadic.

That Summer in Paris transgrede su propia imagen como una expresión pictórica de la extrañeza que atraviesa Blandine. Tal vez el más importante de esos gestos es la forma en que compone a la protagonista. Ella suele estar filmada en una angulación diagonal al aparato cinematográfico, jamás de frente. Esto crea un efecto visual donde su propia corporalidad es percibida un tanto incómoda.

La poética del desastre

Valentine Cadic también construye a Blandine al jugar con la relación de aspecto. La película, que en su mayoría utiliza un 16:9, en algunas escenas cambia a formato vertical y otras a 4:3 —típico de la televisión—. Más allá de hacerlo con un objetivo estilístico, se trata de la forma en que Cadic crea una relación plástica de la protagonista con la imagen, transformando su propia manera de relacionarse con el otro. ¿No es la cámara, acaso, otro que observa, así como ella se siente observada por los demás?

La película subraya esa sensación de forma constante. Blandine se comporta, utilizando el anglicismo, como una ‘people pleaser’, una persona que intenta agradar a todo el mundo diciendo que sí a todo. Pero la protagonista cada vez se halla menos a sí misma.

Y es que el personaje cambia paulatinamente su forma de relacionarse con el otro (llámese otro a la mirada cinematográfica u otros personajes). Ella pasa de ser una mujer cuya incapacidad para decir que no es evidente, a una que se atreve a decirle a su interés romántico que no está buscando amor en este momento y decidir quedarse sola.

dirección de Valentine Cadic en That Summer in Paris, cine francés contemporáneo.
Valentine Cadic crea una poética visual donde lo incómodo se convierte en belleza.

No es casualidad, entonces, que la imagen la registre en su propia búsqueda. Uno de los planos más recurrentes del filme es uno general de la calle por el que Blandine atraviesa de extremo a otro, buscando. Tiene sentido, teniendo en cuenta la forma que tiene el filme de representar a París como un lugar caótico. Ella busca, no solo personas o lugares, sino a sí misma.

Este modo de representación recuerda a otras películas como Frances Ha (Noah Baumbach). En ambas, hay una apropiación del humor del fracaso, el caos cotidiano y la torpeza emocional desde encuadres que resaltan el vacío, el movimiento constante, la falta de centro. En la cinta de Baumbach, se intenta construir sentido en medio del desorden, a través de un personaje que poco o nada pertenece. Algo que no es ajeno a That Summer in Paris, pues podría hablarse incluso de una poética del desastre.

Al final del filme, Blandine regresa a su natal Normandía, pero hay algo distinto en la imagen. A medida que se ha transformado en una mujer que elige su soledad, ya no hay tanto juego con la relación de aspecto ni uso de ángulos extraños para mostrar al personaje. Y el plano general —que tanto se ha repetido— de ella atravesando la calle es utilizado una vez más, esta vez para llegar a la playa de lo que sí puede llamar hogar. La última imagen, bellísima. Sentada de espaldas, observando el mar azul. Ya no hay desagrado, ni incomodidad. Blandine es una mujer que aprendió a convivir con la extrañeza y convertirla en belleza; a habitar la cámara y casi hacerse dueña de ella. Tanto, que su propia mirada al océano grita al unísono: sí se puede transitar la belleza.

 Conoce más del cubrimiento especial de TOMA 20 en el BIFF 2025.


✺ Si te apasiona el cine que transforma, suscríbete a TOMA 20 y acompáñanos en este viaje por las historias, miradas y emociones que habitan la gran pantalla.

Recibe nuestras próximas críticas, coberturas y reflexiones directamente en tu correo.
✉️ Haz parte de nuestra comunidad cinéfila.


Síguenos en redes sociales

Deja un comentario

Toma 20

Somos una plataforma de crítica y análisis cinematográfico enfocada en el estudio de las narrativas audiovisuales, el lenguaje del cine y su impacto cultural. Un espacio donde convergen cine, escritura y fotografía para ofrecer una mirada profunda y contemporánea del séptimo arte.