“Cada vez el pasado nos habla menos del futuro”, afirma Flora Rodríguez, antropóloga y directora del Programa Plurales del Centro de Estudios Interseccionales de la Universidad del Rosario. Durante más de una hora, y junto a la bióloga Brigitte Baptiste y la Senadora Angélica Lozano, discutieron sobre género, ciencia y cultura en el marco del BIFF BANG — los talleres académicos del Bogotá International Film Festival.
Para Brigitte Baptiste, lo queer es un elemento relacional entre personas y otros seres vivos, donde cada uno despliega toda su identidad. “Todas las especies tenemos un lado chueco que nos hace únicos y diferentes”, sostiene. Baptiste asegura que la diversidad biológica y la humana tienen mucho en común. De hecho, ella habla de la ecología queer, un enfoque que desafía las visiones binarias y antropocéntricas de la naturaleza, aplicando la teoría de género a los estudios ecológicos.

¿Qué tiene que ver todo esto con el cine? El séptimo arte nunca ha sido ajeno a las discusiones sociales ni a los avances históricos de la humanidad. Hablar de perspectivas diversas en un mundo que sigue discriminando a la comunidad LGBTIQ+ es un acto político en sí mismo. De hecho, la charla se da, en parte, por el estreno de Brigitte, Planeta B; un documental sobre la ecóloga transgénero. Esta conversación forma parte de la apuesta del BIFF BANG por abrir el audiovisual a otros territorios del pensamiento, donde la diversidad no solo se mira, sino que también se filma.
Baptiste y Flora Rodríguez también discutieron sobre la falta de políticas públicas en términos de género, y la imposibilidad de abrir ese espacio desde el estado. Desde un ángulo más político, Ángelica Lozano, Senadora de la República, habló desde su perspectiva como congresista. “Hay un gran retroceso. Cuando un proyecto de ley tiene la palabra género, no pasa”, explica. Además, afirma que otros legisladores le dicen que, si no se elimina ese término, van a hundir los proyectos, y ahí entra la difícil tarea de mediar la situación.
Oponerse a los cambios es lo más antinatural que existe porque todo está en tránsito permanente, piensa Brigitte. Flora Rodríguez la apoya al afirmar que lo trans es una extensión misma de la existencia.

“Vivimos tiempos difíciles”, dice Angélica Lozano. Y tiene razón. Lo explica el antropoceno, la propuesta de una nueva época geológica en la que la actividad humana ha alterado drásticamente el planeta, con impactos significativos en el clima, la biodiversidad y los ciclos geológicos.
En una de las preguntas del público, un asistente les preguntó su opinión sobre democratizar la dignidad humana. Para él, es ilógico que se discutan asuntos como las terapias de conversión, cuando la respuesta es lógica. ¿Se deben imponer leyes que realmente protejan la ecología y otras causas? Pero, para ellas, la solución tampoco es dejar que el autoritarismo entre a escena, ni siquiera para proteger el planeta. Flora Rodríguez explica que la libertad no puede encontrarse en las leyes si no se cambia primero la forma en que se relacionan los seres humanos. Y Brigitte Baptiste afirma que lo único que se puede hacer es aprender a habitar el tiempo de colapso.
“El planeta B es este mismo”, sentencia Baptiste —en referencia a su documental Brigitte, Planeta B—. No hay más. ¿Es posible vivir en un mundo plural y diverso? Las exponentes subrayan que sí. Hay que seguir reflexionando y actuando. Ya sea desde los debates en el Congreso, hasta detrás de las cámaras de cine.
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