Poetizar la mirada

Este texto contiene spoilers. Pero como toda poesía, leerlo también es un riesgo.

Un Poeta es quizás la película colombiana del año: un poema en movimiento sobre el fracaso, la búsqueda y la necesidad humana de hallar un lugar en el mundo.

Acto I: La mirada

El acto de mirarse a sí mismo es revolucionario, pero también retador. En Un Poeta, Simón Mesa lo hace. Y su protagonista también. Ante el fracaso de sus libros y la imposibilidad de vivir de su arte, Óscar Restrepo se refugia en la calle y la bebida, hasta que conoce a Yurlady, una estudiante de colegio que le devuelve la fe en la poesía. Pero al intentar ayudarla a ser poeta, descubre que en realidad se estaba ayudando a sí mismo.

Un poeta - película colombiana de Simón Mesa Soto.
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Las películas de Simón Mesa podrían definirse en la fijación por el acto contemplativo. Detenerse en detalles invisibles, crear universos visuales, rimas narrativas. En Un Poeta, Mesa se atreve a desnudar su propio ejercicio artístico desde afuera. Y las resonancias visuales son su recurso de oro.

La repetición funciona aquí como un verso poético en sí mismo. En Un Poeta hay varias: tomas en primeros planos de las manos sosteniendo objetos o haciendo algo, el acto de irse de un lugar y siempre observar hacia atrás, incluso la reiteración de palabras.

Óscar tiene una hija con la que mantiene una relación tormentosa, con idas y venidas. En una de las primeras secuencias, Óscar se despide de su hija afuera de la casa. Da unos pasos hacia la puerta, se detiene, la ve, y regresa a hablarle. Si bien en esta escena lo hace con el objetivo de preguntarle si tiene $5.000 pesos que le preste —el tipo de humor que se repite a lo largo del filme—, este gesto esconde mucho más. En el segundo acto, cuando él se ofrece a ayudarla a estudiar para un examen, ella se niega, se despide y se va hacia su casa. En un ademán poético, se devuelve y mira hacia atrás.

«Yo soy un poeta»

– Óscar Restrepo
Un poeta - película colombiana de Simón Mesa Soto.

La vida. El fracaso. La ausencia de victorias. Son puntos fijos que desnuda el encuadre de la película. Y aunque a veces parece un camino de rumbo fijo, no lo es. Por eso los personajes de esta película se voltean a ver hacia atrás, como devolviendo las páginas de un poema para mirar hacia el pasado.

Acto II: La imagen

La luz en Un Poeta es nítida, deslumbrante: una caricia a los sentidos. Cuando Óscar lee por primera vez una poesía escrita por Yurlady sobre su habitación, hay imágenes yuxtapuestas de ella en el cuarto, tocando con sus manos la luz de media tarde que roza la superficie de su cama. Más tarde, cuando asiste por primera vez al festival de poesía, sentada en un sillón, se repite casi el mismo plano. Sus manos se aproximan a la luz, como una danza visual entre el resplandor y la cámara. Sin embargo, esta vez es diferente. El destello de la tarde también resplandece su rostro. Y ella lo siente, como si fuera el fulgor de un poeta. A Óscar, solo hasta una de las últimas secuencias del filme, le pasa lo mismo. Y en un primer plano, la cámara es el espectador del baile entre la luminiscencia y su poeta.

Un poeta - película colombiana de Simón Mesa Soto.

Las películas de Simón Mesa insisten en lo oculto: en esas búsquedas que todo el mundo percibe, pero nadie observa.

La cámara también es testigo del caos de Óscar. Durante toda la película, los planos carecen de encuadres centrados y prolijos. No es casual: Simón Mesa lo busca así para representar a su protagonista. Los personajes suelen estar del lado izquierdo de la imagen, a veces derecho. Pero en el centro jamás. La escena donde es más evidente es cuando Óscar espera afuera de la casa de Yurlady, justo cuando sus amigos de la Casa de Poesía intentan negociar con la familia de ella. Allí, recostado contra su auto rojo y detenido en medio de la calle, permanece mirando. Mesa aprovecha la calle en bajada para hacer un plano holandés: el desequilibrio de Óscar en su máximo esplendor.

Un poeta - película colombiana de Simón Mesa Soto.

Pero cuando todo parece perdido, siempre hay un plano que le devuelve la luz al día. En la última escena, Daniela va al hospital tras el fallecimiento de la madre de Óscar. Y en ese abrazo, es como si el caos visual se compusiera: después de una película completa con encuadres evitando el centro, el fracaso de Óscar se equilibra. En ese abrazo contenido entre padre-hija, hay una estabilidad visual. Y ambos, por fin, encuentran su lugar en el centro del encuadre.

En Un Poeta hay una presencia constante de una cámara atenta que sigue a Óscar. A veces cerca, a veces lejos, pero nunca distante. En las conversaciones, Mesa utiliza paneos al mejor estilo de Jean-Luc Godard en Le Mépris (1963). Allí, Bardot y Piccoli hablan sentados, frente a frente. La cámara, siempre discursiva, los toma de perfil y se desliza de uno a otro, como un péndulo inquieto. Una cámara bidireccional, que los descubre, los acecha con sutileza. En el filme colombiano, hay una clara referencia a este recurso. Mesa hace estos mismos paneos cuando Óscar conversa con otros: de él hacia a su mamá, de su mamá hacia él; de él hacia los de la Casa de Poesía, de los de la Casa de Poesía hacia él. La sutileza de contemplar a un poeta.

Movimientos de cámara en Le Mépris (1963) de Jean-Luc Godard.

Acto III: La palabra

El acto de filmar la mirada también se encuentra en la palabra. Y las resonancias que construye Simón Mesa también se encuentran en ella. El realizador acierta en dividir la película en cuatro partes, como versos visuales en movimiento constante. En Un Poeta, la poesía no es solamente el eje temático de la película, sino también el medio sobre el cual se cuenta la historia.

En una de las últimas secuencias, Yurlady le escribe una carta a Daniela para decirle que su papá no le hizo nada. Y en un acto casi poético, Óscar le devuelve otra carta a través del cuaderno.

Un poeta - película colombiana de Simón Mesa Soto.

Un Poeta es un poema, que habla sobre la poesía —y la vida—

La poesía escrita se construye en repeticiones, y Mesa las convierte en vehículo narrativo a lo largo del filme. En otras películas suyas como Amparo (2021), sus personajes repiten constantemente “cuánto”, “cómo”, y “por qué”. En esta cinta, Óscar lo dice con contundencia: “Yo soy un poeta”. Una frase que se repite como eco en toda la película. Sus amigos de la Casa de Poesía le dicen “usted es un poeta mediocre”, y las palabras se reiteran en el título mismo, como una anáfora que construye el significado de su propio protagonista.

Acto IV: Una crítica feliz

Simón Mesa divide su película en cuatro actos. Y así como esta crítica, intenta terminar con un poema feliz. Un Poeta es un poema visual sobre la vida y la poesía: lo no dicho, la música del fracaso y las búsquedas sin final. Queda como un verso suspendido en el aire: frágil, hermoso, inolvidable. Con esta obra, Simón Mesa confirma que es uno de los grandes directores del cine colombiano contemporáneo.


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