Golán: una película poderosa que tropieza en su doble relato

Esta crítica contiene spoilers. Leer bajo su propio riesgo.

Golán quiere ser muchas cosas al mismo tiempo: historia íntima, cine de terror y crítica social. En ese intento logra momentos memorables, pero también se pierde en su propio espejo. La ópera prima del director caleño Orlando Culzat es una lectura potente acerca de las estructuras patriarcales y sociales en las familias adineradas. Sin embargo, su intento de mezclarse con una narración terrorífica alrededor del duelo y la muerte, la condena a dos películas distintas en una sola.

Golán se siente íntima y, a ratos, honesta, con poderosas imágenesque involucran espejos, reflejos, y movimientos de cámara sutiles que acompañan a sus personajes. Sin embargo, en la primera mitad del filme, Culzat presenta una narrativa más cercana al terror y al suspenso, con la cinematografía sugiriendo que hay algo que acecha a los personajes. El relato comienza a partir de la muerte del abuelo, y construye tensiones entre la familia que sacan a relucir sus más oscuras estructuras de poder. Pero no es una historia sobre el duelo, ni sobre la muerte.

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En una de las escenas más poderosas, Margarita —la hija de una trabajadora de la finca— casi es violada por los jóvenes de la familia. Pedro, el protagonista, lo impide. Y a cambio, solo recibe golpes y un “estás muy joven para entender ciertas cosas. ¿Qué hacía esa muchachilla allá, a esas horas?” de su tío.  Es honesta y dolorosa: se siente la verdadera crudeza de la historia. En esta imagen se condensa toda la fuerza del filme.

El largometraje crea un reflejo visual potente sobre las masculinidades tóxicas y el racismo. A través de los distintos personajes, se establecen diferentes grados de masculinidad: Pipe es varonil y fornido, Andrés reclama que otra mujer es suya, Nicolás habla de actos sexuales hacia alguien que no le ha dado su consentimiento. Pedro, el protagonista —quien es el menor y tiene apariencia más inocente— no solo es el único que no participa de esas dinámicas, sino que también es quien impide el abuso hacia Margarita.

Golán también abre un debate importante sobre la colonización y el racismo. En una escena posterior al intento de violación, el tío de los muchachos justifica la violencia con prejuicios de clase y raciales. “Hay que echar a los indios, porque si no los echamos, van a acabar con todo”, dice. Y es que el filme también establece paralelismos entre clases sociales. La cámara es discursiva y crea contrastes visuales entre la familia de Margarita (los cuidadores y trabajadores de la finca) y la de Pedro. Por ejemplo, en el caso de la primera, los planos suelen estar mediados por una iluminación más directa. Y en la segunda, hay fiestas en botes, una iluminación natural y colores mucho más saturados.

Escena de Pedro y Margarita en el río en la película Golán, cine colombiano.
Fotograma de Golán, con Pedro y Margarita junto al río en un plano cargado de simbolismo visual.

La película está construida bajo contrapuntos visuales (luz/oscuridad, masculino/femenino, riqueza/pobreza, vida/muerte), que conviven en tensión y se potencian entre sí. Por eso, una de las imágenes más potentes es cuando Pedro y Margarita están en el río: él mira hacia la derecha, y ella hacia la izquierda (aquí también hay una representación visual de clases sociales. Derecha-riqueza asociada con Pedro, izquierda-pobreza con Margarita), con una línea imaginaria que parte toda la mitad del encuadre. Ella se va hacia un lado, sale de cuadro, y le dice “es por acá”. Él se va al lado opuesto de dónde estaba mirando. Aquí, la cámara habla: ambos pertenecen a estructuras distintas, divididos por esa línea imaginaria que parte el plano en dos.

Sin embargo, a pesar de sus poderosas imágenes, Golán parece mediada por dos mitades. Y no en el buen sentido.

Plano con claroscuros que muestra la influencia del terror en la primera mitad de Golán.

Lo que acecha

Tras la muerte del abuelo, la primera mitad del largometraje está construida con una narrativa terrorífica, y Culzat se apropia de elementos típicos del género: sonidos estridentes y tenebrosos, claroscuros, silencios y un par de microsustos, sombras, incluso a la madre de Pedro le realizan una ‘limpia’ en el agua, mientras varias voces repiten “sana su cuerpo”. Pero, aunque la película parece sugerir lo contrario, ese no es el relato principal del filme.

La familia viaja a su finca en el Lago Calima, y aquí es donde emergen todas las tensiones y el discurso principal. El suspenso sigue estando presente, pero cada vez menos. “Dejaron morir a los caballos, pero eso asustan”, dicen los amigos de Pedro en un terreno sombrío del Lago Calima.

Familia reunida en la finca en Golán, película de Orlando Culzat.
Escena de la familia en casa finca del Lago Calima, donde emergen tensiones de poder y clase.

Este giro hacia el suspenso diluye la fuerza de la cinta y desplaza su discurso principal, puesto que el intento de Culzat de mezclar un relato de terror con el comentario social y patriarcal, no funciona. Se siente artificioso y desconectado del verdadero núcleo de la historia. La dirección aquí es menos clara: hay atmósfera, pero sin un propósito narrativo sólido.

El uso del terror y el suspenso en la primera mitad conduce a una película distinta a la que se ve en la segunda (todo lo que gira alrededor de Pedro y la casi violación de Margarita). Da la sensación que Culzat intentó construir el filme a partir de sensaciones autobiográficas, y no supo mezclar sus dos historias. Esto genera una narración partida en dos mitades, y lo que sucede en la primera, no vuelve a tocarse en la siguiente —de un momento a otro los códigos de terror y suspenso desaparecen—.

La mirada que acecha sigue siendo masculina

Aunque Golán es un intento valiente por cuestionar las estructuras patriarcales en las familias, a ratos se convierte en lo que intenta criticar. La cámara de Culzat sigue estando mediada por el male gaze o mirada masculina. La forma en que el filme representa los cuerpos femeninos enfatiza la relación objeto-pasivo (mujer) y sujeto-activo (hombre). En el relato, los hombres son sujetos deseantes y las mujeres objeto para ser deseadas. Hay dos escenas en particular donde su representación es más problemática. En la primera, Pedro está a punto de tener relaciones sexuales con una prostituta —aunque en el fondo no desea hacerlo—. Dentro del cuadro aparece la mujer semidesnuda, pero hay una búsqueda —tal vez inconsciente— de representar su cuerpo como algo ‘grotesco’, quizás porque la situación en sí es desagradable para el personaje. Sin embargo, se ve la intención estética de resaltar su cuerpo no hegemónico.

El duelo del abuelo en Golán.

En la segunda escena, el tío de Pedro, un hombre promiscuo y falto de ética moral, se encuentra teniendo relaciones sexuales con una mujer en un sauna. Y aunque hay presencia de ambos cuerpos semidesnudos, el busto de ella es el centro del encuadre, fragmentando su cuerpo y creando una representación problemática. Aunque pueda leerse como un reflejo de la mirada de los personajes masculinos, la narrativa sigue marcada por la diagonalidad del male gaze.

La naturalidad

A pesar de sus desaciertos, la película resalta por ser un auténtico retrato de la sociedad caleña. La mayoría de las actuaciones se sienten naturales, y las dinámicas entre los personajes fluyen muy bien.

La única escena cuestionable en términos de dirección de actores es cuando Margarita y Pedro van al río. Sus interacciones se sienten acartonadas, sin embargo, puede ser más un tema de diálogos que de actuación. En una escena, ambos personajes están sentados al lado de un árbol, y ella le entrega un dulce, sugiriendo que algunos familiares le han dicho que es bruja —de nuevo entra en juego un intento de relato de terror que desvía del núcleo principal—. La conversación es rígida e inexpresiva, lo que dota a la escena de inverosimilitud en la comunicación.

Escena de Golán que refleja racismo y tensiones de clase en la finca.

Pero el filme también tiene momentos que se sienten honestos y auténticos. Todas las escenas entre los primos, los abrazos entre Pedro y Margarita y la relación entre Pedro y su madre muestran la capacidad de Culzat para crear intimidad palpable entre los personajes. En otras palabras: se sienten como interacciones auténticas entre caleños, alejadas de la artificiosidad del guion.

Entre la valentía y la contradicción

Golán es valiente en su mensaje, pero ambivalente en su narrativa. Su poderosa historia se ve eclipsada por intentar fusionar un doble relato que le quita poder al discurso. Sin embargo, es honesta, visualmente sorprendente y sus fallas formales no eclipsan la conversación que abre sobre poder, clase y género.

Tal vez su mayor fortaleza —además de la contundencia de sus imágenes— es la capacidad de Orlando Culzat de retratar a las familias de Cali de forma genuina, en una película que se siente auténticamente caleña.

Y aunque también intenta cuestionar las estructuras patriarcales, termina, en cierta medida, reproduciendo algunos códigos que quiere criticar. ¿Será posible criticar el patriarcado sin caer en sus propias miradas? Golán recuerda que el cine, incluso en sus contradicciones, puede abrir conversaciones necesarias. Y en ese gesto, radica su verdadera potencia.


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