*Este texto contiene algunos spoilers.
“¿Alguien sabe la diferencia entre ‘era’ y ‘solía ser’?”, pregunta una joven profesora de inglés Chen Nian a sus estudiantes en un salón de clases. “Ambas palabras significa que están en el pasado. Pero la diferencia es que ‘solía ser’ conlleva una sensación de pérdida”. Con planos cerrados, la cámara se vuelve una sola con ella: le avisa al espectador un hay algo en el pasado que quizás era mejor —o no—. “Este solía ser nuestro salón de juegos (…) Este es nuestro salón de juegos”, repiten sus alumnos.
La pantalla en negro. Una más joven Chen Nian y un hasta ahora desconocido Xiao Bei sonríen hacia la cámara. No rompen la cuarta pared, se ven fijamente. Hay un juego de miradas; más que coqueteo parece una historia de amor… pero no lo es. No del todo, al menos.
La pantalla en negro de nuevo, y la cámara navega a través de un colegio. 2011 se lee en los títulos. Plop. Un gran estruendo. El patio del colegio se llena de voces, estudiantes y murmullos. Las directivas de la escuela corren a través de los pasillos, pidiendo a todos alejarse.

Chen Nian aparece entre toda la gente. Su mirada no es curiosa —como la de los demás— su rostro está más bien inquieto. Se quita la chaqueta para tapar un cuerpo: el de su compañera que acaba de saltar.
En este punto del relato, es claro que Chen Nian es la protagonista de la historia… y de la tragedia. Tras el suicidio de su compañera, ella pasará a ser el nuevo blanco de burlas de los acosadores de su colegio.
Una mirada cinematográfica
Better Days, o en español Mejores Días es el nombre de esta película. Derek Tsang, director honkonés, trae un filme intenso, provocador, dramático y audaz sobre el acoso escolar. Pero es más que eso: explora sus matices, hace un gran esfuerzo por evitar los clichés —en la medida de lo posible— y aborda, a través de los géneros cinematográficos; la supervivencia, la soledad y la perfección excesiva de los colegios en China.
Mientras enfrenta a los bullies, Chen Nian entabla una inusitada amistad con un misterioso joven a quien libra de la paliza de una pandilla. Ahora, Xiao Bei —sí, el mismo que sonríe a la cámara al principio de la película— se dedica a salvarla a ella.
En este punto, el giro narrativo parece inevitable. El espectador se imagina lo obvio: en algún punto Xiao Bei matará a los bullies de Chen Nian. Y sí, pero no así.

Derek Tsang hace un gran esfuerzo por sorprender al espectador y construye un filme íntimo y mordaz. Su mayor logro es, quizás, la sutileza artística del lenguaje cinematográfico para retratar a sus personajes. Chen Nian, la protagonista, es una adolescente solitaria, cuya madre se dedica a negocios ilícitos y es perseguida por los acreedores. Tsang es efectivo en representar su soledad: planos abiertos, mucho espacio negativo, casi como si la casa misma y lo que contiene la absorbiera por completo.
Es en los detalles donde existe Better Days. Sus planos cerrados absorben a sus personajes. La cámara intima con ellos. Entre la triste y miedosa mirada de Chen Nian y el aparato cinematográfico hay una cercanía considerable, casi podría decirse que íntima, lo que se traduce en una profunda relación entre la protagonista y el espectador. A Tsang no le interesa lo macro de la imagen, su finura reside en capturar fragmentos de cosas: de rostros, momentos y emociones profundas. No es casualidad. Better Days está protagonizada por Zhou Dong-yu y Jackson Yee, dos jovenes estrellas del cine chino. Ambos entregan interpretaciones sólidas y conmovedoras, y se roban la película por completo.
Una ciudad aciaga
La soledad de Chen Nian se hace cada vez más latente a medida que el acoso escolar por parte de sus compañeros aumenta. Weng Lai, su principal acosadora, se obsesiona con molestarla al punto de llegar a los golpes y empujes.
Better Days es un relato frío, por no decir crudo, de lo que sucede en los colegios en el mundo. Y su tratamiento audiovisual también lo es. Con una estética parecida a las películas de Wong Kar Wai (conocido por Chunking Express, 2046 e In the mood for love) —sobretodo Chunking Express—, Derek Tsang encuadra a una ciudad lúgubre, una donde la crueldad de los jóvenes se hace latente. Todos buscan sobrevivir: Chen Nian a sus acosadores, la líder de las bullies Weng Lai a las presiones de sus padres —lo que, hasta cierto punto, explica su conflictivo comportamiento, pero no lo justifica—, los compañeros que no deseaban molestar a Chen Nian pero lo hacían por presión social.
Y es que la presión también es central en esta película. Tsang coloca el foco sobre el Gao Kao, el exigente examen nacional de ingreso a la educación superior en China —el equivalente a las Pruebas Saber 11 del Icfes en Colombia—. Pero el colegio empuja a los estudiantes a sus límites, con una exigencia obsesiva hacia ellos. Poco puntaje en el Gao Kao es no tener futuro. Los estudiantes más aplicados en las pruebas tienen derecho a sentarse adelante en el salón de clases, mientras que los demás son mandados hacia atrás, casi como si el sistema educativo los desechara.

Esto tal vez explica por qué la película fue censurada en China. Además de algunos giros argumentales algo duros de digerir. En algún punto del relato, Chen Nian y Xiao Bei se enamoran. Y después de un brutal ataque de Weng Lai y sus otros compañeros hacia Chen Nian, la acosadora Weng Lai es encontrada muerta, justo el día que empieza el Gao Kao. ¿Quien fue? ¿Habrá sido Xiao Bei para proteger a su amada? ¿O una venganza de Chen Nian contra su mayor enemiga?
Better Days es mucho más que una carta anti-bullying para los colegios en China. Derek Tsang aborda con brillantez el acoso escolar en una película intensa, dramática y potente. Hay romance —uno casi imposible, además—, sin que sea el foco del relato. Es un thriller, pero el componente dramático es el vehículo por donde fluye toda la narrativa.
Quizás el único problema de este filme es su alargado metraje, con al menos quince o veinte minutos de sobra que estiran la narración de forma innecesaria. Aún así, la película es audaz y crítica de una manera que no muchos se han atrevido a hacerlo: mostrando la muerte de dos estudiantes y ataques pesados de los acosadores escolares. Pero así se enfrenta el bullying, mirándolo a él a los ojos, así incomode un poco.
“¿Alguien sabe la diferencia entre ‘era’ y ‘solía ser’?”, pregunta una adulta Chen Nian a sus estudiantes de clase. “Ambas palabras significa que están en el pasado. Pero la diferencia es que ‘solía ser’ conlleva una sensación de pérdida”. La película de Derek Tsang comienza con tiempos verbales nostálgicos que denotan algo perdido. “Este solía ser nuestro patio de juegos”, sí, el de Chen Nian y el de todos aquellos que han sido acosados.
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