Hollywood se ahoga en su propio cine

Hollywood lleva tiempo buscándose y no se encuentra. Lejos está de aquellas épocas doradas del pasado. En cambio, las carteleras cinematográficas se atiborran de títulos poco interesantes. Mientras tanto, su cinematografía se pierde entre secuelas tardías y remakes. En medio de intensas coyunturas sociales y políticas, la crisis creativa inunda a una industria que, sin duda alguna, no está pasando por su mejor momento.

En las décadas de 1970 y 1980 sucedió algo parecido. Sin embargo, aquella generación supo renovar el arte. Con la necesidad de cambiar la narrativa de una ultraconservadora y abatida industria hollywoodense, nació el “nuevo Hollywood”, gracias a figuras cinematográficas con miradas frescas y flamantes. Filmes como Five Easy Pieces (1970) y The King of Marvin Gardens (1972) de Bob Rafelson, Mean Streets (1973) y Taxi Driver (1976) del querido Martin Scorsese, Midnight Cowboy (1969) de John Schlesinger, Sisters (1972) y Obsessions (1974) de Brian de Palma, The Godfather (1973-74) y sus distintas versiones, de Francis Ford Coppola, y directores icónicos como Steven Spielberg y William Friedkin remozaron a un cine que había cansado a los espectadores del Código Hays: una serie de pautas y normativas cuyo fin máximo era regular –y prohibir– lo que podía verse en la pantalla desde 1930.

Pero aquella vitalidad estética y creativa de la que aquel nuevo Hollywood dotó al mundo es la misma de la que hoy en día su industria carece. Se perdió entre blockbusters, secuelas y remakes. Y las películas que llenaron de magnificencia a las salas de cine en Estados Unidos, son apenas un recuerdo borroso de días de gloria. La gran pregunta es, ¿por qué sucede esto?

The King of Marvin Gardens (1972) de Bob Rafelson.
The King of Marvin Gardens (1972) de Bob Rafelson

Reflejos del pasado

Los directores del nuevo Hollywood se caracterizaban por una mirada crítica a la sociedad, búsquedas estilísticas que rompieron con los cánones narrativos convencionales y un contexto histórico, social y político que influenció la construcción de los personajes y las historias. Para iniciar este debate, solo hace falta remitirse a dos películas: Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese y The Godfather (1972) de Francis Ford Coppola.

Ambos filmes son protagonizados por personajes ‘claroscuros’, en ciudades y contextos decadentes que reflejan una mirada profunda de su entorno: Travis Bickle —un excombatiente de Vietnam—, está sumido en una urbe deshumanizada y cínica que se cae moralmente en pedazos. Vito Corleone, por su parte, es el representante de una familia poderosa dentro de la mafia estadounidense.

Tanto en Taxi Driver como en The Godfather hay una violencia inminente, sin embargo está justificada desde un discurso audiovisual que construye miradas críticas hacia la sociedad, casi como si los propios Scorsese y Coppola le hablaran de frente a los espectadores. En cambio, en las películas del cine estadounidense contemporáneo, lo violento parece más un elemento que acompaña a los personajes per se, en lugar de ser un recurso narratológico.

Para ejemplificar, la exitosa Joker (2019) de Todd Phillips, una película ampliamente aplaudida por sus referencias al cine de Scorsese; sin embargo, no podría estar más lejos de él. Phillips pretende que su Arthur Fleck sea una clase de reflejo de Travis Bickle: con luces y sombras, impulsado por las circunstancias a utilizar la violencia para salvar a alguien. En el caso de Bickle, rescatar a una niña de la prostitución. Y en el caso de Fleck, emancipar a Gotham City de sí misma. No obstante, como señala Stephanie Zacharek en su crítica para el Times: el filme quiere hacer una crítica a la cultura vacía de la sociedad, pero termina siendo un reflejo más de la superficialidad que intenta cuestionar. El director justifica la violencia para glorificar a un héroe que es más victimario que víctima, con una ciudad que lo absuelve entre aplausos a pesar de sus crímenes.

Y no pasa solo con la cinta de Todd Phillips. Manuel Garrido Lora, profesor de comunicación de la Universidad de Sevilla, sostiene que un producto audiovisual es peligroso cuando tiene violencia justificada o es tratado con humor. El cine estadounidense moderno, en gran medida, utiliza la violencia como recurso narrativo, creando una estética que la banaliza, en lugar de reflexionar sobre ella. La cartelera cinematográfica está llena de ejemplos. Películas como Baby Driver de Edgar Wright o incluso la segunda parte del Joker.

Un viejo cine

No todos los directores contemporáneos estadounidenses carecen de la vitalidad narrativa del nuevo Hollywood. Hay algunas excepciones de grandes autores como Richard Linklater, Wes Anderson, los hermanos Joel y Ethan Coen, Barry Jenkins e incluso Greta Gerwig; sin embargo la industria hollywoodense desvanece sus aportes al inundar las carteleras de cine con remakes. En apenas cuatro meses, se han estrenado más de cinco títulos adaptados y secuelas. En mayo fue el turno para The Fall Guy, una película protagonizada por Ryan Gosling y Emily Blunt, basada en una serie de televisión de 1981. En junio, una nueva versión de The Crow y en septiembre, la segunda parte de Beetlejuice (1988), protagonizada por Jenna Ortega y Winona Ryder. Sin contar las secuelas de Deadpool y Wolverine que llegaron a salas de cine en julio, y una nueva entrega de la franquicia de Alien en agosto.

Volver al futuro, la icónica trilogía de Robert Zemeckis. En la foto, el Doc Brown y Marty McFly.
Volver al futuro, la icónica trilogía de Robert Zemeckis.

En la época del nuevo Hollywood también existían franquicias, remakes, trilogías y secuelas. Sin embargo, incluso este tipo de cintas contaban con una vivacidad estilística a la altura de su época. La saga de Star Wars, la trilogía de Back to the future e incluso Jurassic Park son los mejores ejemplos. Las referencias culturales de Star Wars, los viajes al futuro —y al pasado— de Marty McFly y el Doc Brown, y las aventuras en el parque temático más arriesgado del mundo.

Hoy, los remakes y secuelas —salvo algunas excepciones— no dialogan con el público desde una perspectiva cinematográfica, sino más bien económica: cuantos más efectos especiales, menos recursos narrativos.

Las presiones económicas de los grandes estudios cinematográficos han eclipsado las búsquedas creativas en la actualidad. Y ante el impulso de lograr millones de espectadores en taquilla a nivel mundial, los blockbusters pretenden eclipsar el cine con relatos canónicos, chistes gastados y películas faltas de profundidad. Porque mientras haya efectos visuales novedosos, la película será exitosa… ¿O no?

VFX, efectos visuales en las películas de Hollywood.

La necesidad de nuevas miradas audiovisuales

En un mundo lleno de coyunturas sociales, políticas y económicas complejas, se hace cada vez más necesario un nuevo grito por un nuevo cine. Así como lo hicieron Martin Scorsese, Steven Spielberg, Bob Rafelson y los demás cineastas del nuevo Hollywood; quizás el mundo se esté preparando para un “nuevo Hollywood” renovado. O nuevas cinematografías, imágenes y narraciones. Y vaya que lo necesita.

En Estados Unidos hay algunos realizadores que, más allá heredar el legado del nuevo Hollywood, se han influenciado por su cinematografía y realizan propuestas narrativas interesantes, como Richard Linklater y Barry Jenkins. Sin embargo, la industria estadounidense necesita más: un verdadero cine que responda —y rompa — a las narrativas convencionales. 

Quizás el día de mañana, nuevos cineastas vuelvan a reinventar el cine y los llamen el nuevo Hollywood, la nueva ola francesa o hasta un nuevo Caliwood. Pero lo que está claro es que es imperativo que los nuevos realizadores sigan transformando el séptimo arte.

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