En 1954, poco antes de partir, la artista mexicana más icónica de todos los tiempos tomó el pincel por última vez para escribir “viva la vida”. Una frase paradójica —aparentemente—, para alguien que experimentó tantos momentos altamente dolorosos y tormentosos. Sin embargo, también fue dotada de un talento excepcional para retratar el sufrimiento y la angustia a través del arte. “Perdí tres hijos y una serie de otras cosas que habrían completado mi horrible vida. La pintura tomó el lugar de todo esto”, escribió alguna vez en sus diarios.
¿Qué más decir sobre Frida Kahlo? La historia ya lo ha dicho todo. Fue una mujer singular y una artista sinigual. Una que pintó su propio dolor —el del cuerpo, pero también el del alma—, que amó, pero sobre todo, supo que la vida había que vivirla, a pesar de cualquier cosa.
Kahlo, oriunda de Coyoacán, México; y conocida por algunas de sus pinturas más famosas como La columna rota, Dos Fridas y Autorretrato con collar de espinas y colibrí. Es, además, la protagonista del documental Frida: Viva la Vida, que se presenta en Cine Colombia este fin de semana 29 y 30 de noviembre, 1 y 2 de diciembre en nueve ciudades del país para seguir viviendo el arte en la gran pantalla.

Una vida
Cuando la artista murió en 1954, su gran amor Diego Rivera cerró dos baños con objetos y documentos de Frida, con la orden de abrirlo quince años después. Sin embargo, pasaron cincuenta años hasta que el Museo Frida Kahlo decidió destapar lo que había en su interior.
Es a partir de este material inédito —y otros objetos personales de Frida en la Casa Azul a los que casi no tiene acceso el público— que el documental Frida: Viva la Vida narra esta historia.



Gionnani Troilo, director de esta película, navega por las aguas turbias de todo lo que padeció Frida. Pero al mismo tiempo, explora cómo la artista pudo transformar su dolor en arte, pues estuvo expuesta al sufrimiento desde joven. A la edad de dieciocho años, mientras iba en transporte público, el bus en el que viajaba chocó con un tranvía en Ciudad de México. Como consecuencia, la artista sufrió daños irreparables en su columna que la acompañarían el resto de su vida.
Tras el accidente, Frida estuvo postrada en cama un mes en el hospital, y tardó ocho meses recuperándose en casa. Pero aquel fatídico incidente la transformó, y a su vez, ella creó a través de su dolor. “En aquel momento, dos Fridas nacieron. La primera se convirtió en el ícono que todos conocemos: la mujer independiente y fuerte, atormentada por el amor y el dolor. La segunda es la artista, liberada de sus restricciones físicas. El sufrimiento de una alimentaba la inspiración de la otra. Solas no habrían soportado lo que la vida les tenía preparado”, dice la actriz italiana Asia Argento mirando en un primer plano directo a la cámara, mientras narra la vida de la pintora. Detrás de ella, un fondo rojo al mejor estilo de Frida Kahlo.
El documental construye su relato tratando de escudriñar en lo más profundo de la artista, de la mano de curadores y conocedores de su historia. Hilda Trujillo Soto, directora del Museo Frida Kahlo y Anahuacalli, es una de ellas. Trujillo afirma que, después del accidente, Kahlo se pinta muy rígida, quizás recordando su cuerpo y añorando lo que perdió.
El filme también hace hincapié en el estilo de Kahlo de usar el arte para representarse a sí misma. “Me pinto a mí misma porque soy el sujeto que mejor conozco”, escribió alguna vez. Sin lugar a duda, no existe nadie mejor que la propia Frida para explicarse a sí misma.
Dualidad(es) y realidad(es)
En Frida: Viva la Vida, su director examina de cerca los autorretratos y la autorepresentación que llevó a Kahlo a explorar sus aflicciones, como si sus pinturas fueran un espejo de los tormentos que aquejaban su alma.
Frida tenía claro que el dolor es necesario para generar belleza, por lo que siempre lo plasmó en sus cuadros. En una de sus obras más icónicas, Hospital Henry Ford (1932), la artista se pintó a sí misma en la cama de un hospital desnuda y llena de sangre, con cordones umbilicales imaginarios atados a seis elementos que la producían congoja,. Entre ellos, uno de los varios bebés que perdió.

Y es que, de acuerdo con el documental, Frida exploró en su arte distintas dualidades. El del día y la noche, la existencia y la muerte, el amor y el desamor, la tristeza y la alegría, el dolor y el vivir la vida. Hilda Trujillo Soto afirma que “pudo haber sido una mujer frustrada en cama”, pero vio en el arte un medio para su propia liberación. “Decidió vivir la vida en color. Vivir la vida”, sentencia Trujillo.
Es esa misma dualidad la que la llevó a rechazar la afirmación de André Bretón (fundador del surrealismo) de que la obra de Frida pertenecía a esta corriente. “Nunca pinté mis sueños, siempre pinté mi realidad”, solía decir.
Fridas que aman y Fridas que lloran
Frida: Viva la Vida explora con vehemencia las capas de una artista que nunca se rindió ante su dolor. En cambio, el arte fue su forma de sobrevivir a él. ¿Quién dijo que no se puede reír y llorar al mismo tiempo? En Dos Fridas (1939) y La columna rota (1944), lo deja muy claro.
En La columna rota, Kahlo se pinta a sí misma con su cuerpo atravesado por taches, y un poste que se deshace poco a poco. Frida, entre lágrimas, no deja de sostener la mirada al espectador. Tiene una expresión triste, pero su actitud es impetuosa. Nunca se rinde, aún con la columna rota.

El dolor físico no fue lo único que retrató. También el de lo más profundo de las emociones humanas: el desamor. En Dos Fridas, la pintora expone la dualidad que vive dentro de sí. Dos herencias culturales, ambas conectadas a través de arterias imaginarias que unen dos corazones. Una de ellas sostiene a Diego Rivera, mientras que la otra rompe el conducto con tijeras quirúrgicas. Y la sangre pletórica se desliza por todo su ropaje, convirtiéndose en flores llenas de vida. Porque aunque Kahlo amó, también pudo resurgir a partir de su dolor.
Sin embargo, ¿fue el dolor por Diego lo que condicionó su arte? Por supuesto que no.
El elefante y la paloma libre
Cuando Frida Kahlo y Diego Rivera se casaron, cuenta el documental, les decían “el elefante y la paloma”, por el gran tamaño de él en oposición al de ella. Graciela Iturbide, fotógrafa mexicana entrevistada en la película, afirma que Frida no era feminista porque siempre estuvo sometida a él. Sin embargo, ¿puede una relación tormentosa deshacer todos los actos feministas que Frida representa hoy en día?
“Me acogiste destrozada. Me devolviste íntegra, entera, a la vida”
– Frida Kahlo a Diego Rivera
En un recorrido a la Caza Azul, Hildra Trujillo Soto le muestra a la cámara el jarrón donde reposan las cenizas de Frida. Es un sapo-rana prehispánico, como el apodo que le tenía Kahlo a Rivera. “Aquí, donde están sus cenizas, el significado es Frida descansa en Diego. Y encontramos esto bellísimo que Diego colocó adentro de la urna: su ropa y un rebozo. Habla del gran amor, el cariño y el respeto que tenía Diego hacia Frida”.
Vivir la vida
Frida Kahlo vivió una vida tortuosa y tuvo una relación difícil con Diego Rivera, que siempre estuvo presente en su obra. No obstante, ni su vida ni su arte allí termina. Una artista que supo transformar el dolor en arte, y convertir sus aflicciones en belleza pura. Una que sufrió y lloró, pero también renació gracias —y a pesar de— su dolor.
Y como último acto, la mejor acción que puede resumir el ímpetu de Frida es cuando agarró por última vez un pincel para sentenciar con la frase que mejor guio su existencia: viva la vida. Kahlo falleció el 14 de julio 1954, a la edad de 47 años. Amó y sufrió, creó y traspasó las fronteras, se adelantó a su tiempo. Y aún en una vida llena de profundo dolor, Frida encarnó, como elocuentemente señala Hilda Trujillo Soto: la importancia de vivir la vida en color. Y su legado sigue viviendo hoy, mañana y siempre; listo para llenar de colores las salas de cine en Frida: Viva la Vida.
Un grito por el arte y la cultura
Cine Colombia continúa apostando por las expresiones artísticas en la pantalla grande, a la par que cada vez hay más espectadores interesados en estos temas en el país.
Este mes se inauguró un ciclo que repasa la vida y obra de cinco de destacados pintores que cambiaron la historia del arte por siempre. Empezó el 15 de noviembre con el documental de Edvard Munch, pero continúa hasta el 16 de diciembre con los rostros alargados y los ojos del alma de Amedeo Modigliani; el dolor y la identidad cultural en la obra de Frida Kahlo; la resignificación de la escultura que logró Jeff Koons, y la revolución del cubismo de Pablo Picasso.
El arte se vive en Cine Colombia una vez más. Y que su fusión con el cine siga siendo una forma de transformar los dolores en arte y belleza.
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