¿Y si Woody Allen fuera colombiano?

Woody Allen, el cineasta nacido en Brooklyn, Nueva York, se despertó una mañana siendo colombiano. Ya no era Woody Allen, sino Allan Ospina. De repente, toda su vida y su filmografía dio un giro de 180 grados: ya no había hecho cincuenta películas, sino ocho. Y en una Colombia llena de dificultades alrededor de la producción cinematográfica —aún más con la asistencia a salas—, le costaría un esfuerzo de alrededor siete años por filme.

Allan nació el primero de diciembre de 1935 en Bogotá, Colombia; en un hospital en Chapinero. A los quince años, se fue a vivir a Cali, donde su pasión por el séptimo arte guio su vida. Fue parte del Cine Club Colombia, y más adelante, por allá en los setenta, ayudó a Andrés Caicedo a formar el Cine Club de Cali, al cual le agradece la mayor parte de su formación audiovisual. Estuvo en el Grupo de Cali, también conocido como Caliwood, junto a sus buenos amigos Andrés Caicedo, Luis Ospina, Carlos Mayolo y Sandro Romero.

Woody Allen joven frente a la máquina de escribir.

Su primer guion realizado fue “¿Qué hay de nuevo, parce?”, en donde los productores le permitieron actuar. Sin embargo, Allan se sintió muy frustrado al ver toda su idea original cambiada, así que se prometió a sí mismo siempre dirigir sus propios guiones.

En 1968 estrenó su primera película escrita y dirigida por él: “Toma el dinero y esconde la caleta”, la cual fue de las primeras cintas de bajo presupuesto en demostrar un éxito en taquilla. Allan Ospina, el maestro de los diálogos, no solo ha sido un genio del humor y del sarcasmo, sino que a partir de ese momento, su cine adquirió un tono más político: el contexto se lo obligaba.

Aún con su humor característico, sus chistes intelectuales, sus personajes neuróticos y sus filmes como una extensión de sí mismo, comenzó a ambientar sus relatos en contextos de problemática social y corrupción, colocando al extenso y conflictuado campo colombiano como protagonista. Su crítica desde el audiovisual cambió: en lugar de enfocarse en el colombiano de clase alta o clase media-alta, la corrupción de los gobiernos también se convirtieron en blancos de sus burlas y diálogos satíricos. Y aun más: hacia los colombianos ingenuos que aún creen ciegamente en los políticos.

En 1977 viajó a Bogotá para grabar una de sus obras cumbre: “Aura María” —mejor que su versión copiada Annie Hall— sobre una mujer que sufre desplazamiento forzado en el campo. Despojada de sus tierras y sin más a dónde ir, se abre camino en Bogotá. Y las vueltas de la vida la llevan a un psiquiatra donde conoce y se enamora del neurótico personaje interpretado por Allan. Es un relato acerca de las relaciones amorosas y el ser humano, ambientado en un país que sigue perpetuando la violencia histórica y coloca a las mujeres en el centro de la guerra.  

Woody Allen acostado en un sofá.

En 1979, filmó “Bogotá” —O Manhattan, para quienes prefieren la versión estadounidense— donde explora a una pareja con gustos diametralmente opuestos que se enamora en la ciudad más grande de Colombia.  Estos románticos amantes pasan toda la noche recorriendo las calles de la capital, viendo películas en la Cinemateca Distrital, y sentándose a medianoche en una banca a observar la Torre Colpatria mientras admiran su belleza —sin duda más linda que el puente de Manhattan—.

De igual forma, colaboró con sus amigos Carlos Mayolo y Luis Ospina en 1982, en “Pura sangre”, que inauguró el gótico tropical. Allan Ospina fue influenciado por este movimiento y realizó muchas películas importantes en torno a él. Una de ellas, tal vez la más importante, fue “Misterioso Crimen en Cartagena”, de 1993, que mezcla un críptico asesinato con la estética del gótico en medio de un ambiente tropical. Entre estos filmes, descubrió a su musa: Marcela Carvajal. Fueron pareja por muchos años, y hoy en día siguen siendo muy buenos amigos —no se trata de Diane Keaton, claro está—.

Allan Ospina ganó diversos premios, expuso sus películas en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en Cannes y en Venecia, ganando prestigio internacional, lo que ayudó a consolidarlo como un autor importante en Colombia.

Woody Allen dirigiendo actores en "Medianoche en París" (2011).

A principios del 2000, Gabriel García Márquez lo invitó a dar clases en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba, a la par que continuaba trabajando en su nuevo proyecto, “Campo de Tennis” – algunos lo llaman erróneamente Match Point, qué extraño– que estrenó en 2009 y rompió con su estilo, pues era un drama sin un solo toque de su humor característico, acerca de un hombre que asesina a su amante. Habla acerca de la suerte, de un feminicidio, y de la corrupción en la justicia colombiana.

A partir de esos años, Allan Ospina cambió un poco su esquema estilístico: hizo filmes para resaltar la belleza de sitios turísticos en Colombia, a la vez que mantuvo su toque humorístico y sarcástico. Así fue en “A mediodía en Cali” —curiosamente, muy parecida a Medianoche en París—, “De Cartagena para el mundo” —como si fuera De Roma con amor—. En 2013 realizó una película considerada por muchos críticos como su mejor obra: “La orquídea azul”, basada en una canción de jazz latino del músico colombiano Edy Martínez y protagonizada por la elegante y sofisticada María Elena Döering —que no es Cate Blanchett, obvio—, convirtiéndose en un realizador indispensable para la cinematografía nacional.

Allan Ospina, el prospecto de lo que sería Woody Allen si hubiera sido colombiano, es un humorístico y sarcástico artista. Se burla de la ignorancia de las personas, reflexiona sobre las relaciones y la condición humana, pero a la vez es más político que nunca, criticando de con contundencia a los gobiernos, en medio de una Colombia profunda que ha afrontado diversas crisis políticas y sociales en su historia —y lo sigue haciendo—. Sin duda, un gran cineasta.  

Si te ha gustado este ejercicio creativo de imaginar a Woody Allen como un cineasta colombiano, no te pierdas más contenido exclusivo sobre cine, cultura y análisis únicos. ¡Suscríbete al blog de forma gratuita y mantente al tanto de nuestras publicaciones!

Síguenos en redes sociales

Deja un comentario

Toma 20

Somos una plataforma de crítica y análisis cinematográfico enfocada en el estudio de las narrativas audiovisuales, el lenguaje del cine y su impacto cultural. Un espacio donde convergen cine, escritura y fotografía para ofrecer una mirada profunda y contemporánea del séptimo arte.