*Contiene spoilers.
A veces los recuerdos ahogan, pero la memoria resulta ser —casi siempre—, la mejor maestra. Y sin algo que rememorar, no solo la existencia sería vacía, sino que además carecería de sentido. “Bendito sea el que olvida, porque a él pertenece el paraíso”, dicen en la película de 2004 Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Pero, ¿realmente olvidar es lo más sano?
La película del icónico realizador francés Michel Gondry (conocido por La ciencia del sueño y Rebobinados) explora este concepto. Es una introspección visual hacia lo que significan los recuerdos para las enseñanzas de la vida, el amor y el olvido. Cuando Joel Barish (Jim Carrey) y Clementine Kruczynski (Kate Winslet) terminan su relación, la impulsiva mujer decide borrarse a su ex novio de la memoria. Y él, en medio de furia y dolor, hace lo mismo. Sin embargo, dentro de su mente —en medio del proceso de borrado—, rememora todo lo que vivieron juntos, y se da cuenta que no quiere dejarla ir… Pero ya es demasiado tarde.
El filme ganó el Óscar a Mejor Guion Original y por su papel de Clementine Kruczynski, Kate Winslet fue nominada a Mejor Actriz. La cinta es compleja en su trama y tiene una narrativa no lineal, pero una vez que se agarra el ritmo, es imposible separar los ojos de la pantalla.

Los recuerdos se desvanecen pero el sentimiento perdura
“Déjenme conservar este recuerdo. Solo este”, suplica Joel Barish cuando se da cuenta que no quiere olvidar a Clementine. Dentro de su mente, juntos encuentran la salida: esconderla en recuerdos humillantes o vergonzosos donde quienes le borran la memoria no tienen acceso. Y por poco lo logran. Pero los sofisticados científicos dan con su ubicación, y se siguen borrando los momentos… uno a uno. Sin importar el arrepentimiento del protagonista.
Y aunque Joel no puede evitar olvidarla, logran despedirse a través de sueños y recuerdos borrosos. Y con un merecido adiós —al menos, uno ficticio—. “Regresa e inventa una despedida, al menos finjamos que tuvimos una”, le dice Clementine antes de despedirse.

Al siguiente día, Joel se levanta confundido, con un sentimiento de nostalgia que no puede explicar. Y se encuentra a sí mismo deambulando por las calles de la ciudad sin rumbo fijo. Es el eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Pero aunque ella en su memoria se ha desvanecido, los sentimientos siguen intactos.
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos es un viaje a través de la remembranza. ¿Acaso al que olvida le pertenece el paraíso? Puede que no, o puede que sí, pero una cosa es cierta: detrás del dolor de los recuerdos, se encuentra el aprendizaje de la memoria. Y eso es más valioso que cualquier cosa.
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