*Esta crítica contiene spoilers.
Juana Levy (Laura de León) pregonó – de forma insistente – un mensaje de amor propio para las mujeres en su empresa de labiales. Pero se le olvidó que también lo tenía que aplicar para ella misma.
RCN se quedó a mitad de camino con una historia que prometía mucho, pero que no fue nada. El final de Rojo Carmesí fue este miércoles 14 de agosto con un rating de 3,2 puntos, de acuerdo con las mediciones de Kantar Ibope Media (menos de cinco se considera una audiencia mínima). Además de centenares de comentarios negativos por parte de sus televidentes en X.
La novela sigue la historia de Juana (Laura de León), una mujer emprendedora con su labial Rojo Carmesí, fórmula secreta que heredó del amor entre sus abuelos. Ella está a punto de casarse con Jorge (Carlos Báez), también gerente de su emprendimiento. Pero Valeria (Carolina Gaitán), dueña de la exitosa empresa de cosméticos VR, tiene otros planes. No solo quiere quedarse con Rojo Carmesí, también con Jorge. Y lo logra – hasta cierto punto –.
La historia es una idea original de Fernando Gaitán, quien alcanzó a escribir la sinopsis antes de morir. Adriana Suárez, Ana Fernanda Martínez y Fernán Mauricio Rivera fueron los guionistas encargados de esta producción. Pero algo nunca terminó de cuajar en sus libretos.

Un amor sinsentido
Rojo Carmesí inició muy bien. Como Ana de nadie, se trataba de una historia sobre la mujer liberada. Jorge, su novio, vende la fórmula secreta del recién fallecido abuelo de Juana a VR, la empresa de la competencia. Y por si fuera poco, se casa con otra por dinero. La protagonista es traicionada por un reloj costoso y las llaves de un carro. Amor por riqueza. Así de simple.
Pero no es suficiente para Juana, quien nunca deja de amarlo. Y la novela oscila en un flujo recurrente de volver y terminar con él. Un mensaje un poco contradictorio en una historia sobre amor propio.
Pero no solo es un problema de guion, también de dirección. Es claro que las guionistas siguieron la estructura clásica de dos enamorados que solo logran estar juntos hasta el final. El dilema es que Laura de León y Carlos Báez no logran esa química en pantalla, por lo que su romance se siente falso.

En cambio, de León sí lo tuvo con Juan Guilera, el actor que interpreta a Marcelo Valencia; un empresario millonario que, enamorado de ella, renuncia a su trabajo por impulsar el suyo.
Pero para justificar que Juana siga enamorada de Jorge, las guionistas han decidido mostrar, justo al final, a Marcelo de forma vil – aunque durante toda la historia siempre fue un caballero –. Incluso, incompetente en los negocios – a pesar de haber sido nombrado ‘ejecutivo del año’, algo que contradice a su personaje –. Y todo para rescatar la imagen de Jorge. Pero les salió al revés.
El maltrato tiene un tono rojizo
Rojo Carmesí tuvo varios aciertos, es una lástima su paupérrimo final. La producción puso sobre la mesa – o más bien, sobre la pantalla chica – los feminicidios y el maltrato, problemáticas que no se muestran tanto en televisión.
Nancy, una de las amigas de Juana, es asesinada por su esposo después de haberlo denunciado por maltrato físico. Y con una fiscalía que incurre en la revictimización – como les pasa a tantas mujeres violentadas en este país –, la protagonista alza la voz para que “no muera una más”.
De igual modo, en el capítulo final, cientos de mujeres se reúnen en la fiscalía con sus labios pintados de Rojo Carmesí, para denunciar de forma colectiva al verdadero villano: un maltratador de mujeres del estilo de Harvey Weinstein.
Lo increíble es que una historia tan potente sobre maltrato a la mujer y amor propio termine con su protagonista glorificando al hombre que la traicionó. No solo nunca puede dejarlo, además de todo, le pide perdón.
Tal vez el único acierto de la parte final de Rojo Carmesí es no haber dejado juntos a sus protagonistas – aunque se declaren amor eterno –. “Creo que te voy a amar toda la vida”, dice entre lágrimas una Juana a la que ya no se le cree nada.
Sin lugar a duda, a RCN le ha pasado factura el pobre desarrollo de sus personajes. Juana se llenó la boca de mensajes de amor propio con su empresa, pero se le olvidó el más importante: el que debe sentir por sí misma.
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