El 15 de marzo llegó a Netflix la galardonada serie estadounidense del detective con más de 300 fobias. Con ocho temporadas, estuvo al aire en USA Network de 2002 a 2009. Recibió ocho nominaciones a los Premios Emmy, a los Globos de Oro y ganó dos premios al Screen Actor Guilds Award. Su episodio final fue visto por 9,4 millones de personas, ganando así el récord del drama de televisión por cable más visto de 2009 a 2012 (superado solo por The Walking Dead).
Protagonizada por el cuatro veces ganador de un Emmy, Tony Shalhoub, Monk es la historia de un expolicía de San Francisco que padece Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin embargo, eso no lo detiene, pues justamente sus miedos lo hacen tener una atención al detalle extrema y así resolver los casos de asesinato más difíciles.
Adrian Monk padeció TOC toda su vida. Pero es a raíz del asesinato de su esposa Trudy con un carro bomba que su estado mental entró en declive. Quedó casi catatónico – como él mismo lo describe – y por tres años no pudo salir de su casa. Fue gracias a su enfermera Sharona Fleming – y después asistente personal – que pudo recuperar su vida y volver a trabajar, pero esta vez como detective independiente de la Policía de San Francisco.

Esta serie es más que el mejor programa que Estados Unidos ha hecho en años (lo cual es un elogio tan débil que apenas se oye). No, Monk es una delicia del verano: una combinación segura de misterio y humor.
USA TODAY
Los gérmenes son su fobia más grande. Le tiene pánico a la suciedad y a la enfermedad. Así como a las alturas, los insectos, e incluso la leche. Su asistente carga paños húmedos para que se limpie siempre que toca algún objeto o saluda a alguien con la mano. Un poco exagerado para esa época, aunque muy valioso en tiempos post-COVID. Es un adicto al orden y a la limpieza, y no soporta la asimetría. Si ve tres frascos llenos de líquido, uno hasta la mitad, otro totalmente lleno y otro menos de la mitad, siente la necesidad de nivelarlos.
Aunque sus fobias pueden llegar a desesperar a las personas que conviven con él, también lo hacen ser brillante. Por su aversión por los gérmenes, se fija en detalles mínimos como el lodo en los zapatos de alguien o la ropa que usa, sabiendo así si un testigo está mintiendo o incluso si alguien es culpable o no.
No hay asesino que se le escape a Adrian Monk ni crimen perfecto que pueda engañarlo. Desde el astronauta que asesina a su expareja desde el espacio, el jugador de ajedrez que se deshace de su esposa alcohólica envenenando su reserva privada de alcohol, o el hombre que mata a su cónyuge con las falsas mordidas de un perro muerto, descifra los crímenes más complicados.
Pero aunque ha mandado a cientos de asesinos tras las rejas, el autor del asesinato de su esposa Trudy es el único caso en toda su carrera que no ha podido resolver. Y es lo que lo ha torturado por años. Con Trudy, el gran amor de su vida, todas sus fobias estaban controladas y era feliz. Sin embargo, su muerte lo destruyó, y el dolor y el sufrimiento se volvieron una constante en su vida.

Pero no todo es tristeza para el detective. Los capítulos también están llenos de risas, comedia, sarcasmo e ironías. Como en “El Sr. Monk y la estrella de televisión”, cuando la fan de una serie se burla del cambio del tema musical principal – en referencia al cambio musical de Monk en la segunda temporada por It’s a jungle out there – o “El Sr. Monk y la huelga de basuras”, donde el detective en un ataque de locura por ver tanta suciedad en la calle, culpa falsamente al cantante Alice Cooper por matar a alguien para robarle un sillón.
Bien podría decirse que el detective le tiene miedo a todo. Y sí, lo tiene. Pero es valiente porque se enfrenta a ello cuando tiene que rescatar a alguien que quiere o salvar a una víctima de asesinato. En el episodio piloto “El Sr. Monk y el candidato”, Monk se introduce a una alcantarilla sucia y oscura para salvar a su amiga Sharona. Y lo logra. Aunque sus fobias le griten lo contrario.
El Sr. Monk es un anti-detective, la antítesis del policía clásico que no le teme a nada y es casi perfecto en todo lo que hace. Pero Monk es más valioso que todos ellos. Ser audaz no es no tener miedo, sino vencerlo porque hay cosas más importantes. Todos en algún momento hemos sido Monk, y Monk ha sido todos nosotros. El detective clásico no es tan real, Monk sí lo es. El miedo es parte del ser humano. Como lo es el dolor y la vulnerabilidad. Pero es esa misma la que construye la fuerza. Monk es cómico, sarcástico, real y humano. Una serie para no perderse en el catálogo de Netflix.









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