Youtube: hacia una decadencia del lenguaje audiovisual

En 2005 se fundó la empresa que revolucionaría el mundo del entretenimiento y de los contenidos audiovisuales: Youtube. Con más de mil millones de horas de video diarias, y más de 1.900 millones de usuarios al mes, se creó un fenómeno cultural, en donde todos pueden ser productores y consumidores, creadores y observadores. Hace unos años, nació también, dentro del mismo fenómeno de la plataforma, una figura moderna: los ‘youtubers’. Son personas que crean su propio contenido y lo postean online, llegando a tener millones de seguidores en todo el mundo.

Para empezar, es necesario entender las bases – y en lo que todo acerca de ser youtuber gira – de la democratización del contenido audiovisual. Don Tapscott, ejecutivo empresarial, lo define de esta manera:

La accesibilidad cada vez mayor de las tecnologías de la información pone al alcance de todos los instrumentos necesarios para colaborar, crear valor y competir. Esto libera a la gente para participar en la innovación y la creación de riqueza desde todos los sectores de la economía. (…) Actualmente no es sólo un avance tecnológico en la realización lo que hace accesible el cine a las manos de todos, sino que las ventanas de difusión han hecho que todos puedan ver estos productos audiovisuales”.

En pocas palabras, lo que antes era la producción audiovisual cambió. Solo un número burocratizado y específico de personas podían crear contenido, y solo se podía acceder a él yendo al cine o viendo televisión. Ahora, la accesibilidad de las tecnologías es para todas las personas: cualquiera puede ver una película o un video, pero también puede agarrar una cámara y grabar. Ya no es necesario que un artista deba tener una carrera, experiencia, conocimiento para producir y ser visto.

La democratización del contenido genera un problema, y es que, si todo el mundo es creador, y si todo el mundo es artista, entonces ya nadie lo es. Se genera una desvalorización del productor audiovisual, porque ya solo basta con tener una cámara y grabar para hacerlo.

Ahora bien, es importante subrayar que Youtube creó una nueva narrativa del audiovisual: el videorrelato. Consiste en el concepto de la inmediatez y la instantaneidad. El principal problema de esto es que hay una pérdida de la calidad. Esta plataforma es un fenómeno de la modernidad, pues ya no importa la forma ni el fondo, ni crear contenido bajo un concepto estético o artístico.

Ahora lo importante es la fugacidad del momento. Grabar y ser espectador. Una persona puede pasar al lado de un edificio que está en llamas, o visualizar un accidente, u estar presente en un momento que genere indignación (un policía abusando de su cargo, una persona pateando a un perro, entre otros); y lo primero que va a hacer es sacar su celular, grabarlo, y subirlo a redes sociales. De este modo, el registro ya no importa, lo que prevalece es ser testigos del instante. Ya no vale solo encontrarse en la calle con un famoso. Si no fue registrado con el celular, es como si nunca hubiera sucedido.

Este fenómeno se extiende hasta los youtubers y genera una decadencia del lenguaje audiovisual, puesto que no importa el mensaje ni generar una narración, ni una propuesta estilística, ni una experiencia estética. Se genera, entonces, lo que puede denominarse una banalidad del lenguaje audiovisual. Prevalecen los chistes, hacer comentarios absurdos, o realizar acciones que para muchos pueden parecer ridículas. Así, la gente sigue a youtubers como Nicolás Arrieta, quien es famoso por hacer comentarios sarcásticos y burlescos de otras situaciones.

El fenómeno de la inmediatez y la fugacidad se ha vuelto tan grande, que los youtubers tienden a llegar a extremos cada vez más grande para ser vistos. Así fue el caso de Pedro Ruiz y Monalisa Pérez, una pareja de youtubers que realizaban un arriesgado reto para su canal: comprobar si la bala de un arma Desert Eagle de calibre cincuenta puede atravesar un tomo de una enciclopedia con pasta dura. Para lograrlo, Pedro sostuvo un libro contra su pecho. El video terminó en tragedia con la vida de Pedro Ruiz, y Monalisa Pérez fue condenada a ciento ochenta días de privación de libertad por homicidio culposo. Entre las últimas palabras de Ruiz antes de grabar el video, se encuentran frases como “estoy preparado para morir” o “si muero, probablemente no me dejen entrar en el cielo por la estupidez de todo esto”, mientras que su novia escribió en Twitter “Pedro y yo vamos probablemente a grabar uno de los videos más peligrosos jamás realizados”.

Otros casos de este estilo se han presentado, como el youtuber chino Yu Yongning, quien, en 2017, grabando unas acrobacias, cayó de un rascacielos y falleció. Todo quedó registrado en un video. También hubo el caso de Ashley Waxman Bakshi, una israelí que realizaba una emisión en directo respondiéndole preguntas a sus seguidores mientras conducía, y simuló su propia muerte. Tal vez la intención de Ashley era concientizar a sus seguidores sobre usar el celular mientras se maneja, pero produjo todo lo contrario: un testimonio más de cómo los youtubers juegan con su propia vida cada vez más con tal de registrar el momento. Después de todo, hay que recordar que Andy Warhol, director y artista estadounidense afirmó en 1968: “En el futuro todo el mundo será famoso durante quince minutos, todo el mundo debería tener derecho a quince minutos de gloria”.

Ahora, hay que recordar que el lenguaje audiovisual también es un código aceptado por el público. Por consiguiente, la banalización de la imagen es una narrativa que el público ha aceptado y ha formado parte. Hoy más que nunca. Los usuarios de youtube necesitan ser espectadores, ese es su ‘deber ser’ en la era digital. Por lo tanto, la narrativa de los youtubers se basa tanto en crear contenido, como en ser parte de él.

En consecuencia a lo anterior, se ha potenciado la necesidad de crear contenido – tanto en cine como en televisión – que obedezca a esa nueva necesidad de los espectadores de ser testigos activos de las narraciones. Por ello, en la actualidad, en el cine más comercial, hay una necesidad de la industria por generar un cine parecido a un parque de atracciones: donde la experiencia es lo que importa. No la historia, no el fondo. Solo la experiencia.

De este modo, se producen películas que atienden a estas necesidades: el 3D, el 4DX, la exageración en efectos especiales, entre otros. Los youtubers crearon una saciedad en el público, que debe ser llenada también en otros ámbitos de lo audiovisual.

Youtube, y en general, los youtubers, han generado una decadencia del lenguaje audiovisual. Gracias a la democratización del contenido, cualquiera puede ser creador. Solo prevalece los números, las vistas y los seguidores; lo inmediato y lo fugaz. Lo efímero y no lo que trasciende el momento. El público también ha participado de la decadencia del lenguaje audiovisual, siempre buscando ser testigos activos en tiempo real, exigiendo que las producciones audiovisuales dejen de contar, y empiezan a mostrar.

Cada día, se siguen subiendo millones de videos a la plataforma. Miles de youtubers crean contenido banal y peligroso por unos cuantos likes. Mientras tanto, hay que buscar al nuevo youtuber del momento.

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Toma 20

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