Extraordinaria. No hay otra palabra para describir la actuación de Emma Stone en Poor Things. De una mujer que no puede caminar ni hablar bien, a una hecha y derecha con opiniones y decisiones acerca de su vida y cómo quiere vivirla. Juega con su personaje y lo disfruta, y no solo eso, se adueña por completo de él.
Emma encarna a Bella Baxter, una mujer que ha sido sometida a un trasplante de cerebro, implantándole el de un bebé en su lugar. Al inicio de la película, se ve a una desmañada Bella tocando el piano de forma brusca, tosca y sin ningún sentido aparente. Su caminar es robótico, y no puede pronunciar bien las palabras. Además, su vocabulario es reducido.
A medida que avanza el filme, su evolución inicia. Cuando se escapa a Lisboa con Duncan Wedderburn, su lenguaje es más variado, pero aún sigue hablando de ella misma en tercera persona. “Dale a Bella algo” o “estás lastimando a Bella”, son las expresiones habituales del personaje.
Mucho tiene que ver con el guion, no obstante la actriz también se adueña de su papel. En Lisboa, aunque camina de forma robótica, es más fluida, y puede recorrer mayor camino.
La actriz come, baila, ríe, llora, ama, odia, juega con su papel y lo rompe, y evolucionan tanto Bella como la misma Emma. En la escena donde cena con Duncan, la protagonista se levanta de la silla, se maravilla con la música y empieza a sentir el ritmo en todo su cuerpo. Ella descubre lo que es la danza y un hipnotizado Wedderburn la sigue en el ritmo.
Y ni hablar de la secuencia en Alejandría, cuando Baxter le muerde la mano a Harry Astley, un cínico intelectual que conoce en el crucero. Bella es ingenua y tiene una forma soñadora de ver la vida, y Astley la lleva a ver los bebés que mueren por desnutrición. El personaje de Stone intenta bajar hacia donde están los infantes para ayudarlos, pero Astley la detiene y ella le muerde la mano, mientras llora desconsoladamente.

En Poor Things hay varias escenas de carácter sexual, no solo con Duncan Wedderburn sino con otros hombres en su paso por el burdel de París; por lo que la película contó con Elle McAlpine, coordinadora de intimidad. Stone afronta este tipo de escenas con naturalidad, mostrando a una Bella sedienta por conocer su placer y adueñarse de él por completo.
En las últimas secuencias de la película, cuando Bella vuelve a casa a visitar al moribundo Godwin Baxter (parece ‘Frankestein’, pero es quien la trajo a la vida), camina de forma totalmente fluida, habla perfecto y ya conoce el mundo. En la actuación de Stone se refleja la evolución de su personaje, no solo con los diálogos, que es algo de guion; sino con el cambio en su corporalidad, sus gestos, el lenguaje e incluso el tono y ritmo de su voz.
Emma Stone dice que está enamorada de su personaje Bella Baxter, porque no tiene vergüenza ni prejuicios. Y se nota. La actriz personifica a una mujer multifacética, tierna pero arriesgada, que se conoce a sí misma pero también al mundo, empática y decidida. Permite a su personaje atravesar tantas emociones como le sean posibles: el odio y el placer con Duncan Wedderburn, el cariño con Godwin Baxter, la ternura con Max McCandle, la repulsión con el general Alfred Wellington.
Es posible que este domingo, la actriz se lleve a casa un Oscar. Y se lo merece. Este año, la competencia está difícil. Debe contender contra Lilly Gladstone (Killers of the Flower Moon), Carey Mulligan (Maestro), Sandra Hüller (Anatomía de una caída) y Annette Bening (Nyad). Si gana, veremos a Stone maravillarse ante su nueva estatuilla. Como Bella Baxter lo haría.









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