*Esta crítica contiene spoilers.
“Pobre Bella”, dice el personaje interpretado por Emma Stone abrazada al científico con aspecto de ‘Frankestein’, Godwin Baxter, o ‘God’ (dios en inglés). Y no es casualidad su apodo. De algún modo, desde el principio se sabe que ella es su creación.
El Dr. Baxter encontró el cuerpo de Victoria Wellington, la esposa de un general y quien además, embarazada, se suicidó lanzándose de un puente. En lugar de reanimarla, la llevó a su laboratorio y la utilizó como un experimento, implantándole el cerebro de su bebé en lugar del suyo. ¿Cómo se desarrollaría un infante en el cuerpo de una mujer adulta?
La crio casi como una hija, y la llamó Bella Baxter. Al principio del largometraje, ella parece tener un retraso mental. Camina de forma robótica, solo puede decir algunas palabras y su comportamiento es infantil. Su capacidad motora es limitada y rompe platos y objetos de vidrio cuando no obtiene lo que quiere.
Godwin contrata a uno de sus alumnos, Max McCandle, para ayudarlo en su ‘experimento’. Pronto, él se enamora de ella, y comprende que hay algo turbio que Baxter no le ha contado. Después de decirle la verdad, el Dr. le propone casarse con Bella, con la condición de vivir en esa casa para siempre. Contrata al abogado poco ético Duncan Wedderburn, interpretado por Mark Ruffalo, un canalla promiscuo que se escapa con ella a Lisboa.
El Dr. Baxter intenta controlarla impidiéndole salir al mundo, hasta que entiende lo inútil de retener su sed de conocimiento. Ella emprende su viaje con Wedderburn y explora su sexualidad, con los ‘furious jumping’, o saltos furiosos. Sin embargo, además del deseo, también descubre los sentimientos de ira, pues a medida que avanza su relación, las ganas de Duncan de controlarla crecen exponencialmente, hasta el punto de llevarla engañada a un crucero para que no pueda alejarse.
Aprender a ser y desaprender a hacer
Bella descubre su condición de ser humano y todo lo que implica. El placer de comer – hasta llegar a vomitar por demasiado dulce – la sexualidad, el baile, las ideas, el alcohol, los libros, la crueldad, la realidad del mundo, el deseo del otro. También aprende sobre las emociones: conoce el amor paternal con el Dr. Baxter, la emoción al emprender su viaje, la tristeza en Alejandría (cuando descubre las condiciones de pobreza y la desigualdad) su lado rabioso y cruel con Duncan Wedderburn, y la ternura con Max.
Aunque evoluciona en su intelecto, nunca pierde su soñadora forma de ser. Después de llorar desconsoladamente al descubrir los bebés que mueren de desnutrición en Alejandría, lejos de volverse cruel y cínica, toma el dinero de Duncan Wedderburn y lo regala a los pobres. Su acto desinteresado provoca su salida del crucero, pero ella recurre a la prostitución para subsistir, enloqueciendo al abogado.
¿Ditirambo al sexo o liberación femenina?
Los máximos detractores de Poor Things afirman que la película es una apología a la prostitución porque solo se enfoca en la faceta sexual de Bella. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad. El sexo solo es uno de los aspectos que ella descubre. Además, si se observa bien el metraje, no ocupa ni la mitad de la película.
Lejos de entrar a la vieja discusión de si la prostitución es feminista o no, la liberación encontrada por Bella sí lo es. La película explora las dinámicas de poder patriarcal. Todos los hombres de su vida intentan controlarla en algún momento: el Dr. Baxter no la deja salir, Max trata de evitar su viaje con Wedderburn, Duncan quiere encerrarla, evitar sus lecturas y amigos; y el General Wellington (el esposo de la mujer que fue antes de ser Bella Baxter) trata de aprisionarla y llevarla a cortarle el clítoris.
Pero Bella no se deja amedrentar de ninguno de ellos. Ni el sexo ni la prostitución es la liberación propuesta por el filme. Su emancipación se encuentra en el descubrimiento de su propio cuerpo y su capacidad de tomar decisiones (tanto a nivel físico como mental). Cuando vuelve a casa y se reencuentra con Max McCandle, ella le pregunta “¿No te importa que me haya acostado con otros hombres por dinero? El ser prostituta cambia el deseo de propiedad de los hombres”, y él le dice: “Es tu cuerpo, y tú decides qué haces con él”.
La película es una reivindicación de lo que significa construirse como mujer en un mundo donde el ‘deber ser’, en muchos casos, lo construye el hombre. Aquí no. Bella es libre de construirse y crearse a su antojo. Citando a Barbie, “Puedes ser lo que quieras ser”.
También explora el descubrimiento de las ideas. Al leer, se encuentra a sí misma, pues a medida que aumenta sus lecturas, entiende y aprende del mundo. Estando aún en el crucero, Duncan le dice “Ahora te la pasas leyendo, ya hasta estás perdiendo tu adorable forma de hablar” y lanza su libro por la borda, pero ella consigue otro.

Un lienzo en blanco
Algunas personas también afirman que es una apología a la pedofilia, ya que Bella se desarrolla muy rápido (teniendo en cuenta que no hace mucho, el Dr. Baxter le implantó un cerebro de bebé). Pero quienes vieron el filme de esta manera se tomaron el argumento muy literal y no como una crítica del director hacia el mundo, en donde se permite aterrizar la locura en un mundo de verdad.
En realidad, más que ser el cerebro de un bebé en el cuerpo de una mujer, Bella es una metáfora de la tabula rasa o ‘pizarra en blanco’ propuesta por John Locke. Según el filósofo, todas las personas nacen con la mente vacía, y todo lo que aprenden se debe a sus experiencias y percepciones sensoriales; hasta que se va pintando el lienzo de la mente con todo lo vivido.
Cuando ella revive como Bella Baxter, no tiene ninguna memoria de Victoria Wellington, la mujer que fue antes de lanzarse de un puente. Es una persona nueva, que se va construyendo a lo largo de toda la película.
Todos los seres humanos son un lienzo en blanco. Unos lo pintan con colores, otros con letras, y el de algunos es más bien en blanco y negro. Pero cada uno se construye a sí mismo, así como la protagonista de esta película.
Las actuaciones son amigas de un buen guion
Poor Things tiene un elenco de lujo, que resalta los personajes y su evolución. Bella Baxter es quizá el mejor papel de Emma Stone hasta el momento. La actriz sigue demostrando su gran talento. No es de extrañarse si recibe nuevamente un Premio de la Academia. Se destaca el uso de la corporalidad y el lenguaje en su actuación. Al principio, la protagonista habla y camina muy mal. No obstante, a medida que empieza su viaje, su posición al caminar mejora hasta el punto de hacerlo de forma perfecta hacia el final del metraje. En los gestos y la forma de hablar de Stone se siente su evolución de un simple experimento de laboratorio a una mujer hecha y derecha, con sus propias opiniones y decisiones.
Mark Ruffalo es un competidor muy fuerte para el Oscar a Mejor Actor de Reparto. Su interpretación de Duncan Wedderburn es impecable, y tal vez una de las mejores de toda su carrera. De un abogado mujeriego con clase, a un hombre enloquecido y desesperado. Willem Dafoe también se luce en su papel, inspirando miedo con su aspecto y sus experimentos pero al mismo tiempo una ternura paternal con Bella.

Una estética brillante
Gran parte de la creación del mundo descubierto por Bella está en el extravagante diseño de producción de Shona Heath y James Price, y el vestuario colorido de Holly Waddington. Los vibrantes sets de Zsuzsa Mihalek corresponden a una época victoriana y futurista, lo que ubica a los espectadores en una historia de ciencia ficción con estilos elegantes.
La cinematografía de Robbie Ryan es hermosa y despampanante. La película empieza en blanco y negro con Bella viviendo en la casa del Dr. Baxter, mientras ella va pintando el lienzo de su mente, como la tabula rasa de John Locke. Cuando emprende su viaje con Duncan, la fotografía se torna a colores muy vibrantes: su exploración del mundo.
Ryan recurre a varios planos con ojo de pez en las escenas de la casa del Dr. Baxter. Como si todos fueran experimentos que están siendo observados constantemente. Además, hay varias tomas con lentes gran angulares para representar las realidades distorsionadas en este espacio: es una casa de ‘monstruos’: un doctor con aspecto de Frankestein, una mujer con cerebro de niño, y animales con cuerpos mezclados.
La película tiene el humor negro clásico de Yorgos Lanthimos, que provocó risas y murmullos entre los espectadores de la sala por las ocurrencias de Bella. El filme goza de una estética brillante y poderosa que le da verosimilitud al universo construido por el director. Para disfrutarla, hay que estar abiertos a no ver el argumento como una locura sino como una abstracción y una metáfora del mundo.
Poor Things se trata de cómo los seres humanos se crean y se recrean a sí mismos. Bella es una creación. De ella misma y de nadie más. En una escena, ella le dice a Godwin: “Entonces soy tu creación. Como es lo es ella (refiriéndose a Felicity, otro experimento)”. Y Baxter le responde: “No, ella corre por la casa con un mazo y una canción. Nada de eso es creación mía. Leyendo tus cartas te vi alegremente crear a Bella Baxter”.
Bella Baxter creó a Bella Baxter, forjó su identidad en el cuerpo de Victoria y con el cerebro de su hijo. De ahí salió un ser humano nuevo, completamente distinto y forjado por las nuevas experiencias, recuerdos y lecciones de la vida. Es un lienzo en blanco que se pintó con colores victorianos. Como todos lo somos.









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